
Tantas cosas he aprendido ya junto a tí que me queda corta la memoria para recordarlas, los dedos de las manos para contarlas y aliento para contarlas. Sin embargo, de una manera u otra te las has arreglado para que cada lección de cada capítulo quede grabada en piedra y circulando mis venas. Como si hacer el recorrido fuera una especie de "loop articulatorio" que permite que nunca se me olviden, que las recuerde para siempre.
Has logrado que no cuente el tiempo contigo en minutos, sino en abrazos; que cada esquina que doblamos es una oportunidad nueva de comenzar, que cada momento es oportuno para un beso, y que resguardarse es siempre mejor bajo tu hombro. Cada vez que te veo eres diferente pero a la vez el mismo, como sucede con las olas, en constante presencia, permanencia en movimiento.
Siempre seremos dos niños jugando a buscar nuevas maneras de sonreír. Es por eso que nuestro amor me recuerda a un caleidoscopio, quien se encarga de dibujarnos medio perímetro de un círculo por encima de la barbilla cada vez que lo hacemos girar.


