viernes, 2 de noviembre de 2007

coordenadas cartesianas (o primera cita)


Recuerdo el momento como si hubiera pasado un minuto desde entonces, y no un año. Tal vez tres. Tú llevabas la camisa blanca con los lentes oscuros, y yo intentaba mi enésimo aterrizaje de emergencia volando con un solo motor y sin la gasolina suficiente. Sonreíamos mirando al suelo, tratábamos de aprender de memoria el manual de instrucciones, de retener cada segundo respirado junto al otro. Entonces te giraste, como buscando un refugio, y me abrazaste con fuerza. Yo me mecía despacio, aspirando tu aroma con intensidad. Había un poco de desesperación en aquel gesto; quería creer que en algún lunar de tu clavícula derecha se escondía la solución a todos mis problemas, pero no tenía la menor idea de dónde estaba la solución a tus propios problemas. En mi clavícula no, desde luego. En ese instante alguien pasó; cuando pasó a nuestro lado noté el viento caliente surgir como un fantasma por encima de tus hombros, rodeándonos, fundiéndose en nuestro abrazo largo, y volviendo a escapar junto con el carro que salia del parqueo.El resto de personas alredor seguían su camino , viendo a su alrededor. Una parte de nosotros ya no estaba allí, y no volvería a aparecer nunca más. Algo de lo que habíamos sido hasta entonces se perdió entre las llantas de los carros, y las hojas de los arboles de la universidad, y otra vida nació en ese chispazo de energía. Ahora, cuando llevamos varios meses dando vueltas sin encontrar (ni querer encontrar) la salida del laberinto que nosotros mismos hemos construido, bajo aquel arbol, y recorro paso por paso el camino para volver al punto donde me abrazaste. Donde tomamos el desvío que nos ha traído hasta aquí.

domingo, 21 de octubre de 2007

pintame de colores


Allí estábamos tú y yo, llevábamos meses sin decirnos nada, creando historias de papel maché los días de tormenta, contándonos cuentos bajito, a la altura del corazón, sin saber muy bien de quien hablábamos. O sabiéndolo demasiado bien. Como el de aquella bailarina que no aprendió a bailar hasta que lo hizo descalza sobre los cristales hechos añicos de sus zapatitos de cristal. O aquél otro del viejo sordo que contaba las olas impares cada martes. Aunque mi favorito siempre fue el de la niña que coleccionaba cáscaras de nuez en la bañera de su casa. Porque nunca se atrevió a subir a una de ellas y decirle al viento que estaba dispuesta a hundirse pero no a dejarse arrastrar por aquellos que nunca le creyeron. Porque cuando me lo contabas me parecía que me leías sin mirarme entrelíneas. Y porque sin atreverme yo a hacer lo mismo, siempre esperé que me sumergieras hasta el fondo de aquel mar.Y allí estábamos tú y yo, tejiendo hilos con palabras sin averiguarnos las manos que las dictaban, saltando la rayuela y haciéndonos trampas a nosotros mismos en un intento de evitarnos los ojos. Porque a mi me mareaba tanto negro y tú nunca llevaste bien que no te aguantase la mirada. Con demasiados años en los párpados como para cerrarlos y empezar de nuevo, pero se nos acabaron los acentos y sin darnos cuenta empezamos a escribir postdatas detrás de las rodillas, a salvo de cualquier corriente de viento. Hasta que un día me tomaste de la mano y, con caricias, fuiste ensayando el final del cuento hasta que nos lo supimos de memoria, cuando ya sabíamos deletrearlos con una mano rompiste todas las letras y me pusiste un pincel en las manos. Fue el ojo de de tus pupilas quien me dijo:- Píntame de todos los colores.


domingo, 7 de octubre de 2007

acordes cotidianos


Iba a decirte que hoy no soy capaz, que no tengo el sonido adecuado en la cabeza, pero siempre funcionas como combustible en forma de palabra, y aquí estoy, dándole vueltas al misterio de un trozo de madera y unas cuerdas, que con la tensión adecuada, son el arma más perfecta en determinados momentos. Y nada puede evitar que nos mojemos cuando las tormentas nos atrapan en un callejón; porque hay cierta clase de cosas que no nos piden permiso, pero sólo nosotros tenemos la habilidad suficiente para zafarnos de la rutina, para hacer desaparecer las nubes a base de conjuros misteriosos que muchos pronunciaron hace años, mucho antes de que tú y yo cruzáramos trayectorias frente a un escenario. Por eso tengo un sonido para cada uno de tus momentos, para que nunca te falle la banda sonora ni creas que bajo tus pies sólo hay precipicio. Siempre hay un acorde escondido en tu sombra.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Escribiendo-me


No se si te diste cuenta que borro demasiado, que seguramente me encuentras cuando me buscas, pero que nunca he buscado lo que he encontrado y que me aburre todo lo que no me incluye.

Que me gusta mucho el amarillo, que no busco metas sino caminos, que muero por los "te quieros" al final de las conversaciones, pero que soy mala para las despedidas.

Que no conozco los silencios incomodos, que tengo muchos mejores amigos pero amigos no tengo más que esos, que si me doy por vencida aunque sea me doy, que confundo preguntas y respuestas, que cuando hablo mis manos dicen mas que mi boca.

Que soy muy puntual pero mala con las fechas de límite de entrega, y que en la entrega soy total.. Que a veces mi vuelta atrás no es regreso, que la limpieza es tan subjetiva, que nunca amordazo mi corazón, que la rutina me vuelve impuntual, y la discplina alguien muy desordenada.

Que nada dura para siempre, que dura ahora, porque la eternindad no es tiempo sino sentimiento, que no tengo idolos pero secretamente quisiera tenerlos asi todo seria mas consistente, que bailo (y no canto) mientras me baño, que cada palabra tuya es la promesa de un nuevo dia junto a ti.

Que siempre soy capaz de seguir perdiendo, que soy el hada madrina de las segundas oportunidades, y de las terceras, y de las cuartas, que me complico siempre que la respuesta es "no", que me llevo mejor con los hombres porque todo es relativo.

Que me apasionan las alturas pero tengo vertigo ajeno, que mi confianza es siempre con los ojos cerrados pero que me robo los besos con los ojos abiertos, que me gusta el chocolate y chocolate cuando quiero besarte,

Que me gusta más el calor que el frío pero que prefiero el frío y tenerte cerca, que cada segundo que pasa es una nueva oportunidad para cambiarlo todo, que me gusta escribir pero prefiero bailartelo...

Que cuando escribo sin fechas es porque quiero un sorbo de eternidad, y cuando escribo sin titulos es sólo porque no se me ocurrió nada mejor, que la luna no siempre me gusta mas cuando está llena, sino cuando estoy contigo..

Que si tu quieres de verdad puedo hacerte volar con un beso, que creo en las hadas, las almas gemelas, los duendes y la magia, que todo ES lo que parece, aunque creo en el perdón..

Que siempre camino al borde, que a veces no me salen las cuentas: un millón de sueños y cuántas páginas?, que presto siempre mis alas, solo te pido a cambio incondicional.

Que mis noches siempre que asustan son eternas, que nunca es muy tarde para hablarme, que tengo una manía con las manos, y con el queso derretido.

Que prefiero que me duela a que me olvide, que atraso las despedidas echándote de menos, que prefiero que me marque a que sea ensueño, que odio la impuntualidad pero a vos te quiero y punto.

Que nunca doy nada por pérdido, que no conozco nada leve, que despues de la calma quiero otra vez, que me encantan los colores y a vos te pinto de verde esperanza.

Que cambio pero también guardo, que el corazón nunca me miente, que todo se mueve y nada deja de ser, que mi vida sin ésto no vale, que odio cuando estás tan lejos y al mismo tiempo tan cerca, o al revés...y que me contradigo pero no exactamente..

domingo, 23 de septiembre de 2007

erase otra vez


La princesa de los besos a medias está acostumbrada al borrón y la cuenta nueva; es experta en empezar de cero y si lo necesitas puede darte un par de clases particulares sobre cómo caer de pie. Nunca se perdió en ninguna tormenta, así que la otra noche cuando la vi aparecer entre el humo y los cuerpos sólo pude sentirme a salvo y tratar de contagiarme con un poco de su magia. Caminaba de puntillas sobre la realidad, sobrevolando el mundo con los hombros desnudos, y todos la miraban y al momento comprendían lo lejos que está de cualquier realidad tangible. Pero los érase una vez siempre esconden la cara oculta de la luna; es relativamente fácil deslumbrarte con el brillo de sus ojos, y entonces sólo te quedas con su sonrisa; es algo tan complicado como intentar descubrir la pieza que falta en el rompecabezas La princesa de los besos a medias vuelve a reinventarse una y otra vez cada domingo por la mañana, porque baila tan lejos de todos y de todo que nadie es capaz de entender por qué estando siempre tan bien rodeada se siente tan sola.

jueves, 20 de septiembre de 2007

primera persona del plural


Hace tiempo que me prometí dejar de contar estrellas cuando me dolían de repente las cicatrices, siempre acababa cruzando los dedos a destiempo y arrojando recuerdos contra las rocas más afiladas. Ya sabes que nunca me gustaron los números impares y mejor ahogarlos en salitre que tatuarlos bajo las uñas. Que al final todas las notas suenan con las mismas letras. Pero también sabes que nunca cumplo las promesas que me hago a mi misma y que siempre se me termina escapando la sonrisa. Una estrella, dos estrellas y unos ojos.Nuestra ola, con base a la izquierda, fue construyéndose con números pares que yo me empeñaba en deshilachar a base de razones que nunca supe explicar(me) demasiado bien. Un reflejo excesivamente inexacto de mis manos en tus pupilas o el cajón de-sastre deshecho en el pentagrama de tu espalda. O el miedo a que mi araña fuese también tuya a base de hacer de este lugar mi casa. También recuerdo haber dicho que no era el momento, como si los instantes crecieran en racimos por encima de nuestras cabezas y hubiéramos elegido el incorrecto. Valió la pena el atracón hasta encontrar la llave perdida, esa que llevó de puntillas a la primera persona del plural.Demasiadas películas acaban con atardeceres, así que yo quise escribirte un cuento que empezase con uno, sólo por llevar la contraria. Para demostrar que algunas leyes de la naturaleza se equivocan. A veces, si se quiere de verdad, se puede volar con un beso.






lunes, 17 de septiembre de 2007

Entre cien mil letras...



Quiero bailar contigo bajo las gotas frías que caen desde este cielo ahora rojo. Porque hace algun tiempo nuestras sonrisas se guardaron en cajones, las caricias eran extranjeras en nuestros cuerpos, y nuestras lágrimas encharcaban el suelo en lugar de nuestras camisas.Observo nuestros pasos, igual que te miro cuando la sala está a oscuras, o cuando te duelen demasiado los pies de tanto llorar en lugares que nunca supe que estuvieras.Yo te haré olvidarlos. Y es que cuando sale el sol no quiero bailar como lo hacia antes, y cuando llueve me sale una mueca torcida en la cara. Tú eres todo lo contrario, y eso es lo que más me gusta, y lo que más miedo te da. A mi no me importa nada, pero me importa todo lo tuyo. Yo solo quiero bailar contigo, yo solo...¿Necesitas palabras? Pues te regalo mis ojos.

viernes, 14 de septiembre de 2007

Cromatografía sobre mesa de comedor


Nota sobre la imágen:
Es preciso que una imagen se transforme al contacto con otras imágenes de la misma manera que un color al contacto de otros colores. Un azul no es el mismo azul al lado de un verde, de un amarillo, de un rojo. No hay arte sin transformación." - Robert Bresson: Notas sobre el cinematógrafo



Que el mundo no es de color de rosa lo saben aquí y en París. Por mucho que las pasarelas quieran ponerlo de moda esta temporada. Pero hay toda una gama de colores en medio del blanco y del negro para tintar el agua del que estamos hechos. Más allá del gris que ésta temporada va a causar sensación, están tu verde y mi amarillo, por ejemplo. Y el blanco de la horchata que tomás.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

ayudame, enseñame, acompañame


Hace un calor sofocante y no es igual que el calor de tu cuerpo junto al mío en una tarde de siesta. No es lo mismo ni la música es la misma aunque salgan los mismos acordes de mi guitarra y de la tuya. Ya lo sé, es sólo cuestión de horas o de días. Ya se me pasará. Que tú y yo ya juramos no separarnos nunca más de un ciclo lunar. Nunca. Nunca jamás. Pero duele igual, y lo sabes. Y sonreir no es tan fácil ni las películas terminan como cuando te quedas a verlas a mi lado. Todo es mejor si estas aqui. Ni siquiera se respira el mismo aire en las calles cuando estamos así. Yo sólo quiero saber transmitirte cuando no estás. Enseñar todo lo que he aprendido contigo. Llevarte en la cara a cada paso que dé. Me lo pediste una vez, dejar las lágrimas para las noches en vela, pero no es tan fácil -nadie dijo que lo fuera- y soy tan mala alumna y hace tanto calor en la calle...
Ayudame, enseñame, acompañame...

domingo, 2 de septiembre de 2007

me quedo contigo


Me quedo contigo..ante páginas en blanco y falta de ideas

en los días oscuros y borrosos

en tormentas de noche y cristales rotosen sinsonrisas al lado ni a la vistaen lágrimas propias y escondidas

en enfermedad presente o venidera

en precipicios y vértigoen tumores que envenenan y destrozan

en flaquezas posiblesen hastío y desidia

en la ausencia del coloren la pérdida, la huída y el fracaso

en la caída que duele y la que mata

si hay agujas clavadas en tus ojos

en la ausencia de luz y de aire libre

Me quedo contigo porque no concibo otra forma de quedarme. Porque no estar contigo es vivir en huída continua, en búsqueda incansable de ojos, manos y arterias que me recuerden a los tuyos. Porque quiero quedarme y apoyar la cabeza en tu pecho y dormirme ahí, entre tus brazos. Porque me sigo quedando contigo con el paso del tiempo, porque no encuentro otra forma de pasarlo. Porque soy feliz y me haces falta para esbozar una sonrisa de las grandes. Porque quedarme contigo es un regalo y mirarte las pupilas, mi actividad favorita. Me quedo contigo porque te has adherido a mi piel como gasa a la herida y ya no puedo despegarte sin sentirme incompleta.

viernes, 31 de agosto de 2007

(en estas epocas de intolerancia y prejuicio) a todos aquellos que...


Me miras y no me ves. Aunque te esfuerces, fijando la vista en mi rostro, en mis ojos o en mis manos, por mucho que lo intentas nunca consigues distinguirme. No es el sol en el rostro, has probado con lentes de sol, usando tu mano extendida de visera o buscándome más allá del crepúsculo. No importa, a pesar de las estratagemas, me miras y no me ves. Como cuando te sumerges en la oscuridad relativa tras la luz absoluta. Estás cegado y no lo percibes. Observas despacio mi piel, quizás más oscura que la tuya, mis rasgos, el color extraño de mis ojos y de mis pelo, mis rizos rebeldes, mi altura y la suavidad o la tosquedad de mis manos. Y aún así, no serías capaz de (re)conocerme más allá de este instante bajo el sol de esta ciudad sobrepoblada. Me miras y sólo ves mi religión, distinta a la tuya, ajena a tus creencias, me miras y sólo ves mi piel incomparable con esa que tanto proteges de los primeros ápices del verano. Ves tras mi espalda guerra, sangre y matanzas o puede que “solamente” pobreza, hambruna y exilio. Y a veces hasta simulas que te preocupa, que mundo más desquiciado éste. Eres capaz de percibir en mis manos la falta de pan de todo un país y de un croazón fuerte. Me supones completamente extraña en tus costumbres y, por supuesto, me sabes forastera entre tus fronteras. Podrías definirme, a mí y a otros muchos que igualas a mí, con una o quizás dos palabras. Musulmán, gringo, inmigrante, europeo, indigena, asiático o negro. Y me preguntas el nombre queriendo ser amable. Que importa mi nombre si tú ya has decidido quien soy.










miércoles, 29 de agosto de 2007

Coágulos de rabia


No es un buen momento para escribir. Lo sé porque no deslizo los dedos por el teclado, no, más bien golpeo las teclas intentando aplastar contra ellas todo lo que ahora mismo se me amontona en el estómago haciéndose una bola del metal más pesado que exista (se admiten sugerencias). O quizás del más denso que, si mis pocas nociones de química no me fallan, es el mercurio. O tal vez debiera patentar esta nueva aleación que se me está instalando en las venas, a contracorriente por mi sangre, haciéndome coágulos de rabia en los antebrazos (o en cualquier otro sitio que se oponga a uno). Quiero hacer explotar todos los tragaluces que encuentre y, una vez hechos añicos, andar sobre los cristales y notarlos quebrarse, aún más, bajo mis pies. Escuchar el crujido rebotando en mis oídos y gritar, gritar hasta que definitivamente me estallen las cuerdas vocales, hasta que se me desborden las lágrimas desiertas de dunas, hasta que me rompa los nudillos persiguiendo farolillos de papel…Me duelen las sonrisas de tanto tensar las mandíbulas, de tanto fingir que no duele cuando mata, de tanto morderme los dedos de la angustia, de tanto dar bocanadas de aire viciado para intentar no asfixiarme porque siento a veces que no aguanto y no me ahogaré, no, porque mi padre siempre quiso que le regalara por Navidad el récord mundial de 100 metros libres en piscina de 50 metros, pero acabaré por hiperventilarme las orejas y se me escamarán los labios de tanto resoplar. Ojalá mirándome al espejo me descubriera branquias y pudiera dar un salto por la ventana para sumergirme en una corriente de indiferencia, de esas que te ayudan a volar a cualquier parte, lejos de todo, lejos donde pueda hacerme pasar por sorda y ciega también, donde tus palabras son verdad e infinitas, pero con tantas turbulencias que se te empañan de oleaje los ventanales. En momentos cómo éste necesito ver el mar pero fuera hace demasiado frío y las olas susurran demasiado lejos, los espacios parecen muy pequeños y sin embargo las paredes tan lejanas. Quiero comprender pero no puedo, lo intento, pero la sal se me mezcla en la boca con la sangre y no consigo apreciar el sabor que deja esa textura. Nunca supe jugar a ser feliz y todo esto me lo pone demasiado fácil para convencerme de que no soy capaz de serlo, de que no aprenderé, ni aunque me lo proponga, a verle la otra cara a la luna nueva.Este es uno de esos momentos en los que sólo quiero apagar la luz.

martes, 28 de agosto de 2007

cotidianidades (ellos allá, nosotras acá..)




- No me entiendes, no haces por entenderme...
- ¿Qué?
- Hablo de mí, de nosotros.
- No comprendo.
- Digo que si no eres capaz de pararte a pensar un poco en mí no sé qué esperas de esto.
- ¿Qué espero de qué?
- ¿Lo ves? No me escuchas.
- Claro que te escucho, lo que pasa es que no te explicas bien.
- Ah, lo que faltaba. Resulta que yo no me explico.
- A ver, no te enojes. ¿Qué te pasa?
- ¿No ves cómo no te fijas?
- ¿En qué?
- Es igual
- No, no, no es igual. ¿Qué pretendes decir?
- Si es que no vas a cambiar nunca...
- Y dale...
- Mira, no te pongas así ahora, que la que se está sintiendo mal soy yo
- Pero, ¿por qué?, ¿me lo quieres contar?
- Deberías saberlo
- ¿Cómo lo voy a saber si no me lo dices?
- Hay cosas que no hace falta decirlas
- Bueno, pues no me lo digas...
- ¿Ves cómo no te interesa lo que pasa?
- Es que si no me lo quieres contar, ¿qué quieres que haga?
- Nada. No importa. Nunca lo ibas a entender.

lunes, 27 de agosto de 2007

Nociones básicas de economía



Hoy me han recordado en clase que todos somos egoístas, es más, que somos racionalmente egoístas, que está lejos de nuestra naturaleza realizar cualquier acción que vaya a reportarnos más gastos que beneficios. Y se me ha llenado la piel de lágrimas al oírlo y las manos de escalofríos al darme cuenta de que posiblemente yo sea una persona irracional. Y no sólo eso, sino que no tengo la menor intención de arrastrarme a la acera de lo racional a pesar de que se me llenen los bolsillos de agujeros monetarios o los muslos de cicatrices indivisibles. No, no y no. Y lo siento en el alma por mis padres que seguramente sufrirán con mis giros imprevistos y mis decisiones arriesgadas, por uno de mis ángeles de la guarda, que a ratos se convierte en hermana y me susurra al oído consejos sin reproches, porque verá como ignoro las alambradas y atravieso con las rodillas al aire los campos de minas. Lo lamento por aquellos que me quieren, que posarán sus ceños preocupados en mis muñecas para devolverme a lo que algunos, estoy segura, consideran el buen camino.Es posible que me equivoque pero lo haré sin cálculo alguno, el único cálculo que quiero que recorra mis venas son los 398 kilómetros marcha atrás que me rehabilitan los nudillos heridos o sanos, los que, a pesar de su economía, me llenan los pulmones de corazas anti- obuses. Sin costo alguno. Y aunque costara. Así que recurriré a las críticas y me refugiaré en brazos de teorías menos siniestras. Aunque sean idealistas. Porque creo en la condonación de tu deuda externa, en la renta básica de tu presencia en mis sábanas, esa que me permita vivir dignamente, y sobre todo creo en la dependencia vital que una unas personas con otras. Nos guste o no todos dependemos (directa o indirectamente) de los demás, como el sol de mis días se asoma en gran parte siguiendo una relación inversamente proporcional a la distancia de tus latidos. Porque después de tres años de carrera y discusiones sobre si el problema de nuestra sociedad está en el poder o en el querer, yo tengo cada vez más claro que las ideas aún son capaces de alzar manos en una, que queriendo, con costos o sin ellos, casi siempre se puede. Y querer, lo que se dice querer, yo te quiero mucho más de lo que me cuestas.






domingo, 26 de agosto de 2007

Cenicienta tiene un amante


Se habían leído los labios en todos los idiomas y los cuerpos se habían leído y bebido y querido a todas horas también. Calla, no digas nada, dijo. Y a ella se le cayeron dos o tres lágrimas que parecían no querer irse a ninguna parte, sólo escapar de allí. Te quiero, contestó. No digas nada, volvió a decir, que tu amor no es más que dos palabras, que no me mantiene vivo, que lo que quiero es sentirlo de verdad, sentirlo con la piel y con tus ojos, que seas capaz de darme un dedo o una oreja o un hombro, que seas capaz. Lo soy, contestó sollozando. No, no lo eres, sólo me quieres porque he prometido hacerte mi musa y tú has querido enamorarte de mí, dijo y que nunca había sentido amor ni por su sombra dijo y que mucho menos por un artista bohemio que vivía en una buhardilla y sólo comía dos o tres veces por semana, de noche, encima del colchón sin sábanas donde dormía, asomado por la ventana minúscula que escondían tantos y tantos amaneceres. No, no me quieres, sólo estás maravillada, dijo. Maravillada porque nunca has sido como yo, porque nunca has conocido a nadie como yo, que se puede permitir el lujo de ser un inconsciente, un insensato, un muerto de hambre con muchas ideas, eso sí, muchas ideas y muchas imágenes en la cabeza y mucho arte y mucha esquizofrenia también.

sábado, 25 de agosto de 2007

acerca de fisica clasica, Newton y espectros de color


Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca, me miras, me miras a mí, cada vez más de cerca, cada vez menos míos mis ojos, menos tuyos los tuyos, más nuestros, más de ambos, más cerca, tan cerca que ya no hay distancia, no hay espacio entre tu mirada y lo mirado, entre tú, entre yo, que ya no usamos más que el pronombre nosotros. Me miras, me miras, me miras de cerca, de cerca y sin saber que te observo, que tengo ojos en la espalda, en las costillas, en las muñecas tengo ojos también y te miro y aspiro el aire que ya no aguanta entre tu mirada y las mías, que estamos absorbiéndolo todo, destruyendo el ozono, las leyes físicas que nos contaban en el colegio de que dos objetos no pueden ocupar a la vez el mismo espacio. Mentira. Mentira. Mentira.

viernes, 24 de agosto de 2007

tú y yo








Tienes dedos de pianista. O de máquina de escribir. No sé si sigues tocando el piano. Nunca me dedicaste ninguna canción. Ya lo sé, yo tampoco. Mi guitarra sólo sirve para recoger polvo. En eso se parece a mi corazón. Soy demasiado i n c o n s t a n t e y me siento incapaz de tocar dos acordes seguidos. Le he encontrado una utilidad, no te creas. Decora mi habitación: la funda hace juego con las paredes. Azul cielo. Cielo azul. Mar azul. Azul mar(ino). Respecto a lo de la máquina de escribir... sé que prefieres la pluma. Yo no estoy muy segura. Me cuesta sostener el bolígrafo más de dos "te quiero" seguidos.