No hay muchas alternativas cuando mi voz parece aquebrantarse, no hay paredes, armaduras ni trincheras en donde abrigarse. La llamo la hora del hielo. El momento en el que pego mi espalda desnuda sobre la pared del baño. Una especie de explosión silenciosa que me arrastra a kilómetros de tí. Me cuesta entender que a veces la solución consiste en abrir el libro correcto en la página incorrecta, entrar por otro lado.
Sé inventar puertas y ventanas, pero sólo de aquellas que sólo se pueden abrir. Nunca me ha quedado claro como se reparten los papeles, y a veces paso de ser protagonista a ser ese actor secundario sin frase, que simplemente aparece en escena en el momento más inoportuno.
A veces es un error tratar de sacar ventaja en situaciones desfavorables. Pero siempre te necesito para mantener equilibrio en mi carrusel.
jueves, 5 de febrero de 2009
Freefalling.
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