
No hay nada más deseable que tener suerte. Levantarse y por fin no tropezar con las almohadas en el piso. No tirar el vaso de agua sobre la mesa de noche, ni tener que limpiar el accidente. Evitar las consecuciones de pequeños desastres nos salva de ese dolor ínfimo que nos obliga a tener un día repleto de torturas, una tras otra, una tras otra. Así que imaginate muy afortunado, dichoso, despierto y atento ante cada descubrimiento, cada olor, el pequeño cambio que pueda ocurrir en los momentos cortos, es a veces la respuesta que necesitamos. Tirar el gatillo de la serpentina de emociones es lo que nos mueve a seguir. Así que vestite para la ocasión, aprendé a segmentar el tiempo en fracciones al azar, escucha tu canción preferida mientras tratas de sonreir, esta vez es posible que por fin, después de tanto tiempo, logrés hacerlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario